La adopción es muy dispar por región: mientras que en el sudeste y oeste el 44% muestrea todos los años, en el norte ese porcentaje cae al 15% y un 26% de los productores declara no muestrear nunca.
Para una correcta planificación del maíz, se recomienda evaluar fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros del suelo y determinar la disponibilidad de nitrógeno (nitratos) en pre siembra hasta los 60 centímetros de profundidad.
Esta información permite definir con mayor precisión las necesidades reales del cultivo y evitar tanto deficiencias como aplicaciones innecesarias.
“El análisis de suelo es la inversión más pequeña dentro del costo total de implantación y, al mismo tiempo, una de las que más información aporta para tomar decisiones de manejo de gran impacto. Fertilizar sin diagnóstico implica trabajar sobre supuestos, cuando hoy contamos con herramientas para ajustar la nutrición a la realidad de cada lote”, agregó Ciarlo.
AJUSTAR EL NITRÓGENO AL POTENCIAL DE CADA LOTE
El nitrógeno es uno de los nutrientes que más condiciona el rendimiento del maíz. Para alcanzar un rendimiento objetivo de 12.000 kg/ha, por ejemplo, el cultivo necesita absorber aproximadamente 260 kg de nitrógeno por hectárea.
La cantidad de fertilizante a aplicar debe determinarse considerando no solo el requerimiento del cultivo, sino también la oferta inicial de nitratos del suelo y el aporte proveniente de la mineralización de la materia orgánica.
Para estimar esta última fuente, herramientas como el Nan —Nitrógeno incubado en anaerobiosis— permiten caracterizar el potencial de mineralización del suelo y mejorar el ajuste de las recomendaciones de fertilización según cada ambiente productivo.
A su vez, durante el desarrollo del cultivo existen tecnologías que permiten monitorear su estado nutricional. Sensores de vegetación, clorofilómetros y herramientas para determinar índices como NDVI brindan información complementaria para detectar deficiencias y evaluar la necesidad de realizar aplicaciones posteriores de nitrógeno.
Este enfoque permite pasar de recomendaciones generales a estrategias de nutrición ajustadas a las características de cada lote, su ambiente, su potencial productivo y las condiciones de la campaña.
NUTRIR HOY SIN COMPROMETER EL SUELO DE MAÑANA
Cerrar las brechas nutricionales constituye una de las principales oportunidades para mejorar los rendimientos y, al mismo tiempo, hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles.
Los relevamientos sobre balances de nutrientes muestran que la agricultura argentina continúa extrayendo del suelo más nutrientes de los que repone, una tendencia que condiciona su capacidad productiva futura.
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Conocer la fertilidad de cada lote mediante análisis de suelo, diseñar estrategias balanceadas de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc y acompañar el desarrollo del cultivo con tecnologías de diagnóstico y monitoreo son herramientas fundamentales para aprovechar el potencial que ofrecen la genética y una campaña con buena disponibilidad hídrica.
“No se trata solamente de pensar cuánto podemos producir esta campaña. Cada cosecha se lleva nutrientes y, si sistemáticamente extraemos más de lo que devolvemos, estamos consumiendo parte de la fertilidad que construyó nuestro sistema productivo. Para quienes administramos recursos naturales en la producción de alimentos, fibras y energías, el manejo de las tecnologías y la preservación del amiente productivo es una responsabilidad”, concluyó González Sanjuan.










