Utilizado junto con tratamientos fungicidas, contribuye a mejorar la cobertura, el esparcimiento y la distribución de las gotas sobre la superficie vegetal. También busca favorecer su permanencia sobre el objetivo, un aspecto relevante cuando la eficacia del tratamiento depende de alcanzar y proteger una amplia superficie foliar.
“La protección no depende únicamente de lo que se coloca dentro del tanque. También importa cuánto de esa mezcla llega al cultivo, cómo se distribuye y qué superficie logra cubrir. El aporte de Rizospray Wet está orientado a mejorar ese proceso y a obtener aplicaciones más consistentes”, afirma el especialista.
LA CALIDAD DE APLICACIÓN TAMBIÉN SE REFLEJA EN LOS RESULTADOS
El aporte de un adyuvante puede evaluarse a través de distintas variables, desde el comportamiento de las gotas y la cobertura hasta los resultados obtenidos por el tratamiento.
En el caso de Rizospray Wet, distintos ensayos realizados junto con herbicidas permiten observar cómo las mejoras en la aplicación pueden trasladarse al desempeño del tratamiento.
Si bien esas evaluaciones corresponden específicamente a aplicaciones herbicidas, aportan información sobre el comportamiento de Rizospray Wet como herramienta para acompañar tratamientos en los que la llegada, la distribución y la permanencia del caldo sobre el blanco resultan determinantes.
En cualquier caso, la calidad de aplicación debe considerarse parte de una estrategia integral, que comienza con la identificación del riesgo sanitario y continúa con la elección del producto, la definición del momento de intervención y la regulación del equipo.
PROTEGER HOY EL RENDIMIENTO DE MAÑANA
Una campaña con mayor disponibilidad hídrica puede abrir una oportunidad productiva importante, pero exige evitar una lectura lineal del escenario. Más agua no significa solamente mayores posibilidades de rendimiento: también puede generar más humedad dentro del cultivo, períodos prolongados de mojado foliar y condiciones propicias para el avance de enfermedades.
Frente a un año Niño, el desafío será transformar las condiciones climáticas favorables en rendimiento cosechable. Para conseguirlo, la protección fungicida deberá ocupar un lugar tan relevante como las decisiones destinadas a construir el potencial productivo.
Porque cuando aumentan el agua, el calor y las posibilidades de producir, también crece la necesidad de monitorear, anticiparse y proteger el cultivo.
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